Narrado por Juan Pedro
Sentía su dolor como si fuera mío. Me sentía herido dolido. Guardaba cierto rencor en mi interior contra la vida. ¿Por qué la había hecho sufrir de es amanera tan cruel y deliberada? La sentía débil y frágil, ella no aguantaría más, y lo sé, lo siento.
En tan poco tiempo ella se convirtió en la luz de mis ojos, en el amor de mi vida, en la mujer perfecta, y jamás permitiría que le hicieran algo que la lastime. Y aunque se claramente que ella no es tan inocente y tan vulnerable como aparenta, yo sé muy bien que si lo es, esa es su esencia y ella tuvo que cambiarla para poder sobrevivir en el infierno en el que tenía que pasar el día a día.
Sentía la extraña necesidad de hacerle saber que todo iba a estar bien, que a mi lado no permitiría que nada le pase. Pero sé muy bien que no me creería. Y aunque yo estoy seguro de que ahora lo que fuera porque ella alcanzara por fin un estado de felicidad absoluta estoy seguro que va a ser difícil lograrlo.
-Mon amour, te prometo que todo cambiara, solo dame tiempo- y sentí que le inspiraba confianza lo vi en sus ojos. La agarre del mentón para mirar directamente a su cara. Era tan linda. Tenía facciones delicadas y femeninas y si antes me había sorprendido por su belleza, ahora estaba más que deslumbrado.
- No hagas falsas promesas Peter. Eso es imposible. Yo luche mis 18 años para que todo cambiara y nunca lo logre.- En ese instante me sorprendí ¿Tenía 18 años? En ese momento me sentí un pervertido por sentir todos estos sentimientos, pero la verdad es que jamás me voy a arrepentir de lo que siento. Yo me enamore de ella, no solo de su lado bueno sino que también de sus errores. Es más, lo que más me capturo de ella fue su vida tan sufrida, sentía que ella era una damisela en apuros y yo era el príncipe destinado a salvarla.
Vi como de a poco la desilusión había opacado toda la esperanza que había en su rostro. Ella había notado mi expresión de asombro y seguro piensa que la voy a dejar por su edad. A veces pienso que ella se considera la más grande molestia, cuando es todo lo contrario. Aun no nos hemos separado y ya no veo la hora de volver a verla.
- No son falsas promesas, belle. Aunque nos cueste mucho trabajo, con esfuerzo, dedicación y por sobretodo nuestro amor, todo va a ser posible. Tenes que creer.- le dije mirándola a los ojos, pero se que estaba pidiendo mucho. ¿Cómo alguien que, como ella, había vivido en la angustia, y la tristeza toda su vida podía creer? Habría que tener mucha fe para que eso sea posible y definitivamente la fe en mariana se había agotado a tal punto de estar en peligro de extinción
-¿Creer? ¿Estas bien Peter? Hace mucho borre creer de la lista de soluciones a mis problemas, o crees tú que hubiera acabado con la vida de alguien si hubiera otra opción como creer.- y después de escuchar eso, me sentí un tonto. Ella estaba triste, devastada, y yo lo único que decía para ayudarla eran cosas que alguna vez me habían ayudado en problemas mínimos, nada tan grave como esto.
- ¿Qué quieres hacer entonces Mon amour? No veo muchas opciones.
- Lo nuestro no puede ser, hasta que por lo menos no se solucionen las cosas, lindo. No me perdonaría jamás si tu vida se convierte en lo que es la mía si las cosas salen mal- vi la expresión triste en su rostro, y me deje guiar por el extraño impulso que nació en mí de abrasarla; protegerla.
- La, lo nuestro ya es. El amor ya está entre nosotros, déjame estar con vos. Te quiero acompañar en cada cosa que hagas, quiero estar allí, para no dejarte caer, para protegerte de cualquier peligro que se te acerque. Déjalo todo en mis manos. Ahora ¿Por qué no vas a la habitación y te acuestas? Yo en un momento estoy allí- le brinde una sonrisa de esas que se que la hacen sentir mejor, y ella trato de contestármela, pero solo se produjo un intento fallido de una sonrisa.
- Te amo, mon amour, descansa.- y bese suavemente su frente, para que ella saliera de esa sala, y fuera a descansar, al fin y al cabo eso era justo lo que Mariana necesitaba, descansar.
Esa noche, dormí a su lado. El sentir su presencia y de vez en cual escuchar palabras que s ele escavan entre sus sueños que llenaban de felicidad. Y sabía que ella me amaba. Porque estaba a mi lado. Y aunque ella quisiera ocultarlo por mi bien, y lo haya mencionado poco y nada, yo sé, yo siento, que ella me ama tanto como yo a ella.
Cerré los ojos y recopile todo lo que había pasado aquella noche. Que noche tan extraña, jamás pensé que en menos de 7 horas encontraría al amor de mi vida y terminaría durmiendo con ella a mi lado. Ella creía en mi y yo le había hecho promesas que voy estoy dispuesto a cumplir aunque me costase la vida.
“Mon amour, te prometo que todo cambiara, solo dame tiempo”
Continuara…
Kisses... Caroo!
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